¿Por qué se necesita una segunda revolución del management?

Actualizado: 2 de jun de 2018


La economía actual presenta una de las paradojas más absurdas que uno se pueda imaginar entre la estructura y el funcionamiento de dos de sus elementos esenciales que son el mercado y la empresa. El mercado lo hemos formado históricamente bajo los principios más libertarios que la humanidad ha podido imaginar, en cambio las empresas parecen haber sido forjadas bajo los principios más ortodoxos de las economías centralmente planificadas. Si alguien cree que la ideología de la Unión Soviética quedó obsoleta después de la caída del muro de Berlín, no puede estar más equivocado. Las estructuras gerenciales y organizacionales que prevalecen todavía hoy en día en las empresas parecen ser diseño del mismísimo Stalin.


La planificación central es buena para la burocracia, el control, la obediencia, la homogeneidad y la estandarización, pero no para la libertad, la innovación, la adaptabilidad y la autogestión, condiciones esenciales para la sostenibilidad de las organizaciones en el mundo de hoy. Se habla de libre empresa, sin embargo esa libertad aplica para su creación, pero no para quienes trabajan en las organizaciones. Las personas están sujetas en muchos aspectos a restricciones que las apagan y obviamente no las dejan brillar, entre las que se pueden nombrar: trabajar por tiempo y no por resultados, la poca o nula participación en la definición de la estrategia, la toma de decisiones y en la solución de problemas, la falta de autonomía para decidir la manera en que se lleva a cabo el propio trabajo, o la ausencia de libertad para involucrarse en otras labores más allá de aquellas para las que uno ha sido contratado. Obviamente esto tiene matices, sin embargo el modelo no deja de ser el mismo.


No es raro entonces que bajo estas condiciones la fuerza laboral en su mayoría trabaje desmotivada y sin compromiso, porque sin libertad los seres humanos no podemos ser felices ni realizarnos como personas. El problema es tan grave que los estudios revelan que solo el 30% de la fuerza laboral global está comprometida. Esto, aparte de ser un gran problema para las empresas, es una tragedia humana si consideramos que el trabajo es la actividad a la cual las personas le dedican la mayor parte del tiempo durante su vida. Es escalofriante que más de dos terceras partes de los trabajadores lo hagan sin percibir mayor sentido para sus vidas. Si tenemos en cuenta que, según el Dale Carnegie Institute, las empresas que tienen un alto número de colaboradores comprometidos son hasta 202% más productivas que las que no, esto es una gran amenaza para estas últimas, aunque afortunadamente para ellas, las empresas con un alto porcentaje de personal comprometido sea todavía una rareza.


Por estas razones y varias más requerimos de una (r)evolución en el management urgentemente.


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