Abajo la burocracia, arriba la libertad

Actualizado: jun 3

La economía presenta una de las paradojas más contradictorias que uno se pueda figurar entre la estructura y el funcionamiento de dos de sus elementos esenciales que son el mercado y la empresa. El mercado se ha formado históricamente bajo los principios más liberales que la humanidad ha podido imaginar, en cambio el modelo empresarial predominante parece que hubiera sido perfilado bajo los principios más ortodoxos de las economías centralmente planificadas. Si alguien cree que la ideología de la Unión Soviética quedó obsoleta después de la caída del muro de Berlín, no puede estar más equivocado. Las estructuras gerenciales y organizacionales que prevalecen todavía hoy en día en las empresas parecen ser diseño del mismísimo Stalin.


La planificación central y la burocracia son buenas para el control, la obediencia, la homogeneidad y la estandarización, pero no para la libertad, la innovación, la adaptabilidad y la autogestión, condiciones esenciales para el éxito y la sostenibilidad de las organizaciones en el mundo de hoy. Se habla de libre empresa, sin embargo esa libertad aplica para su creación, pero no para quienes trabajan en las organizaciones.


Es inaudito que todavía exista el modelo burocrático de empresa

autocrática y centralmente planificada.


Las personas están sujetas en muchos aspectos a restricciones que las “apagan” y obviamente no las dejan brillar, entre las que se pueden nombrar: trabajar por tiempo y no por resultados, la poca o nula participación en la toma de decisiones y en la solución de problemas, la falta de autonomía para decidir la manera en que se lleva a cabo el propio trabajo, o la ausencia de libertad para involucrarse en otras labores más allá de aquellas para las que se ha sido contratado. La represión en el contexto laboral se evidencia cuando uno analiza un contrato de trabajo, donde normalmente solo hay obligaciones para el empleado y ninguna para el empleador, aparte de pagar el salario.


Obviamente esto tiene matices, sin embargo el modelo no deja de ser el mismo. No es raro que bajo estas condiciones la fuerza laboral en su mayoría trabaje desmotivada y sin compromiso, porque sin libertad los seres humanos no podemos ser felices ni realizarnos como personas. Para cambiar esto es imperativo repensar las organizaciones para que funcionen desde un modelo descentralizado y horizontal que permita a las personas florecer en vez de marchitarlas.


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