La empresa como medio para transformar positivamente el mundo

Actualizado: 26 de jun de 2018

Estamos en un momento histórico en que es necesario superar de forma rápida y contundente los oscuros tiempos que se ciernen sobre el mundo, porque de no ser así, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Nunca antes habíamos estado como especie enfrentados a retos tan grandes para nuestra existencia en este planeta. El calentamiento global, la amenaza nuclear, la sobrepoblación, la extinción masiva de especies vegetales y animales, así como el agotamiento de los recursos naturales han dejado de ser relatos de ciencia ficción para convertirse en peligros inminentes.


Para cambiar el rumbo y construir la realidad que individualmente anhelamos pero que colectivamente no logramos, necesitamos de una (r)evolución que transforme el mundo en un mejor lugar para todos, antes de que no haya vuelta atrás. Esta (r)evolución es más fácil de lo que parece, si aplicamos la palanca en el punto de apoyo que permita mover el sistema de la forma más rápida y efectiva posible. ¿Y qué punto de apoyo puede ser mejor que las empresas?

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”

Arquímedes


Esto se vuelve obvio, cuando uno cae en cuenta de que las empresas han sido la fuerza que más ha impulsado el mundo en los últimos doscientos años, siendo a la vez las causantes de varias de las amenazas antes mencionadas. De acuerdo con el Banco Mundial, en el mundo hay 125 millones de empresas, lo que convierte a la empresa como institución en la organización humana más numerosa después de la familia. Si incluimos además en esta cifra a las organizaciones no gubernamentales y a las entidades públicas, el potencial que tienen las organizaciones para transformar la sociedad es enorme. Según la OIT, en el 2012, aproximadamente dos terceras partes de la población mundial ocupada trabajaba en el sector industrial y de servicios. Tenga en cuenta que estas 2.000 millones de personas pasan la mayor parte del tiempo en sus lugares de trabajo, lo cual hace que su vivencia laboral tenga un gran impacto en su vida en general.


Las organizaciones influyen determinantemente en la forma en que vivimos. Nuestros tiempos de descanso y de ocio dependen de los tiempos de trabajo, así como nuestros ingresos y status social. Igualmente determinan significativamente la forma en que nos vestimos, las personas con que interactuamos a diario, el aprendizaje y conocimiento que adquirimos, así como la forma en que usamos los recursos, por nombrar solo algunos aspectos.

La experiencia ayudando a transformar organizaciones me ha demostrado que cuando una empresa se transforma desde su esencia, esto se vuelve un proceso transformador para sus dueños, directores, ejecutivos y demás colaboradores como seres humanos. Y cuando esto pasa, el impacto se transmite a sus familias, así como a los clientes y proveedores. Para mí, el mejor indicador de que las personas están cambiando es cuando me dicen que están llevando a sus hogares las prácticas que les proponemos para su trabajo. Varias de ellas me han expresado su agradecimiento, porque esto les ha ayudado a ser mejores padres por ejemplo. Eso es una demostración del impacto exponencial que se logra cuando se trabaja con una organización, porque no solo transforma la vida de la persona en el trabajo, sino que también lo hace en el ámbito personal. Un ejemplo significativo de ello es cuando los colaboradores de una organización aprenden a escuchar, ya que esto no solo mejora sus relaciones en el trabajo, sino que además les ayuda a relacionarse mejor con su familia, sus amigos y sus vecinos, lo cual reduce el potencial de conflictos enormemente.


Otro argumento por el cual estoy convencido de que transformar las organizaciones es el camino a seguir, es debido a que cambiar las instituciones gubernamentales, educativas y/o religiosas es mucho más difícil, porque hay que actuar sobre ellas desde una perspectiva macro, mientras que al actuar sobre las empresas una a una, el cambio se genera desde lo micro, que es donde se gestan las grandes (r)evoluciones. Además, esto tiene sentido, puesto que las empresas son mucho más abiertas al cambio y a la innovación que las instituciones antes mencionadas.


¿Y cómo podemos todos participar en esta (r)evolución? Evolucionando todos. Los dueños de empresa, los gerentes y los consultores[1] lo podemos hacer dedicándonos a transformar el modelo empresarial existente en vez de trabajar para reforzarlo. Los colaboradores lo pueden hacer cambiando de mentalidad, tomando una actitud más empoderada y digna, demostrando que están listos para trabajar en ese nuevo modelo de empresa. Hablo de colaboradores en vez de empleados, porque el concepto de empleado tiene un significado tan utilitarista que hoy en día me parece indigno llamar así a un ser humano. Los consumidores lo podemos hacer actuando de forma responsable, premiando con nuestro consumo a las empresas que tengan un propósito que haga una verdadera diferencia para el mundo, con prácticas respetuosas del ser humano y del medio ambiente.

[1] Uso la palabra consultor como un genérico que incluye facilitadores, entrenadores, coaches y demás profesionales que trabajan en el ámbito del desarrollo organizacional.

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